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Bienestar mental en la era de la sobrecarga informativa

Crece la epidemia de la saturación mental, derivada de hábitos cada vez más frecuentes en el ocio y el trabajo como la interrupción, la multitarea o la sobrecarga informativa, que causan problemas mentales y problemas de rendimiento. Con tanta información a nuestro alcance, es fácil sentirse abrumado.

Sin embargo, esta pandemia cognitiva tan relacionada con el bienestar y la salud mental recibe mucha menos atención que la obesidad, cualquier infección alimentaria como el brote de E.coli en Alemania o epidemias estacionales como la gripe. Oficialmente, no es ni siquiera una dolencia.

Medimos el cansancio físico y no el mental

Al ser un problema difícil de diagnosticar, el estrés relacionado con la sobrecarga informativa, todavía no se han creado herramientas de buenas prácticas para evitar las peores consecuencias de mantener nuestra atención constantemente fragmentada, a la vez que abruman las enormes cantidades de información. Bloqueo temporal, ansiedad, estrés, depresión en última instancia.

Cuando planificamos nuestras tareas, profesionales o domésticas, lo hacemos calculando el tiempo necesario para realizarlas, su prioridad, dificultad. Pero, si bien somos conscientes de los límites de nuestro rendimiento físico, el cansancio mental no parece ser tenido en cuenta. No ya por las empresas, sino por el mismo individuo. Pero el cerebro requiere ejercicio, descanso, cuidado constante.

Un equivalente de la pirámide de la alimentación para el bienestar mental

Pero, ¿cuál sería el equivalente a una pirámide de la alimentación, indicadoras de los hábitos para evitar la obesidad y el sobrepeso, en el caso de la sobrecarga de información?

El consultor David Rock y el director del Mindsight Institute y profesor de la Escuela de Medicida de UCLA Daniel Siegel creen que un puñado de prácticas sencillas bastan para combatir los riesgos del déficit de atención, la multitarea y el exceso de estímulos informativos. A su juicio, individuos y empresas necesitan una “pirámide de la mente saludable”.

Sin directrices sobre hábitos mentales saludables

Según David Rock, “el problema está en que carecemos de información simple y clara sobre hábitos mentales saludables. Poca gente sabe cuánto cuesta tener una salud mental óptima, ni las implicaciones de haberla perdido”. No se enseña en las escuelas, ni los padres están acostumbrados a incluirlo en las conversaciones con sus hijos, ni las empresas tienen planes específicos para fomentar buenas prácticas que reduzcan el bloqueo mental.

La “pirámide de la mente saludable” de David Rock y Daniel Siegel recoge 7 actividades mentales que ellos creen “necesarias para una salud mental óptima en la vida cotidiana”. Algo así como una lista de ejercicios para nutrir la mente. La idea es practicarlos con regularidad y así, lograr que el cerebro coordine y equilibre sus actividades. En última instancia, aseguran los investigadores, la lista de buenas prácticas mentales fortalecería las conexiones internas del cerebro, así como las conexiones con otras personas.

7 actividades para lograr bienestar mental

Las 7 actividades mentales esenciales para evitar las peores consecuencias de la sobrecarga informativa, la multitarea y la interrupción constante:

  • Concentrarse: cuando nos centramos en tareas y definimos unos objetivos, afrontando desafíos, lo que crearía conexiones profundas en el cerebro.
  • Recreo: cuando nos permitimos ser espontáneos y creativos, disfrutando de nuevas experiencias que ayudan a crear nuevas conexiones en el cerebro.
  • Socializar: cuando conectamos con otras personas, preferiblemente en persona, activando la circuitería social del cerebro.
  • Ejercicio físico: cuando movemos nuestro cuerpo, preferiblemente haciendo ejercicio, fortalecemos el cerebro de diversas maneras.
  • Mirarse al interior de uno mismo (¿meditación?): cuando centramos nuestra atención en nuestro interior, aparecen sensaciones, imágenes, sentimientos o pensamientos, ayudando al cerebro a integrarse mejor.
  • Relajarse: cuando estamos distraídos, sin ningún objetivo específico, y dejamos que nuestra mente divague o simplemente se relaje, lo que recarga nuestro cerebro.
  • Dormir: cuando concedemos a la mente el descanso necesario para consolidar el aprendizaje y recuperarse del día.

El cerebro puede mejorar o atrofiarse

Los dos investigadores estadounidenses, ambos involucrados en la escuela experimental de Nueva York The BlueSchool, no tratan de ofrecer una receta única e inequívoca para lograr una mente saludable, sino de recordar a individuos, empresas e instituciones de que hay numerosas “actividades mentales esenciales”.

Y, como ocurre con los nutrientes esenciales, siguiendo el paralelismo con la pirámide alimentaria, David Rock y Daniel Siegel aconsejan que nos aseguramos de nutrir nuestro cerebro con los ingredientes mentales adecuados.

“Del mismo modo que no comeríamos pizza a diario hasta el fin de los días, no deberíamos vivir constantemente concentrados y durmiendo poco”. El bienestar mental -prosiguen-, consiste en ofrecer a nuestro cerebro muchas oportunidades para desarrollarse de distinta manera.

Breve historia de la sobrecarga informativa

Asociamos la sobrecarga informativa con el uso de ordenadores, móviles inteligentes y tabletas electrónicas, mientras Internet se convierte en un medio ubicuo, conviviendo con los medios de comunicación tradicionales.

Pero este fenómeno psicológico es anterior a la Revolución Industrial y los profundos cambios en la organización del trabajo experimentados por la clase media urbana, explica la profesora de Harvard Ann Blair.

La sobrecarga informativa tiene raíces profundas y los medios digitales no han hecho más que acelerar la sensación del individuo de que, haga lo que haga, no podrá consultar toda la información a su alcance.

Según Blair, ya había signos del fenómeno en los textos manuscritos de culturas pre-modernas, mientras que la invención de la imprenta en el siglo XV lo aceleraron.

La quimera de Vincent de Beauvais: resumir el conocimiento humano esencial

Existen quejas de la abundancia de libros ya en la antigüedad (la del filósofo estoico Séneca, por ejemplo). En 1255, el monje dominico Vincent de Beauvais citó las mismas causas fundamentales que conducen a la sobrecarga informativa en la actualidad: “la multitud de libros, la falta de tiempo y el carácter escurridizo de la memoria”.

El monje dedicó su vida a escribir un gigantesco compendio de 4,5 millones de palabras que ilustrara lo mejor de todos los libros que pudo leer, para que otros evitaran su suplicio. Un objetivo tan ingenuo que hoy es sólo comparable con la búsqueda de la fórmula alquímica.

Con la imprenta, la experiencia de la sobrecarga informativa se transmitió desde las élites cultas a cada vez más personas, hasta que en los inicios de la sociedad industrial los almanaques, novelas por entregas, pliegues de literatura popular y primeros periódicos acercaron el fenómeno a todo el que pudiera leer.

De los escolásticos a la Ilustración

La Ilustración perfeccionó los sistemas de consulta de información a través de herramientas de búsqueda, índices alfabéticos de distinto tipo, catálogos, bibliografías y enciclopedias, que culminaron la tarea iniciada siglos antes por los escolásticos.

Y, si la abundancia de libros manuscritos e impresos llevó a los escolásticos y, después, a los ilustrados a ingeniárselas para mejorar los sistemas de consulta de información para así evitar la abrumadora sensación de la sobrecarga informativa, la actual abundancia de fuentes, muy superior a la de cualquier otro momento histórico, también tiene sus beneficios.

Según Ann Blair, la sobrecarga que afrontamos en la actualidad (millones de resultados de búsqueda de Google en una fracción de segundo) “tiene sus costes, pero es también un privilegio, resultado del esfuerzo acumulativo de generaciones precedentes y del incremento masivo del consumo y producción de información en la era digital”.

La sobrecarga crea problemas, pero también ha inspirado soluciones: métodos de selección, resumen, ordenación y almacenamiento, muchos de ellos creados hace siglos y todavía en funcionamiento.

Sobre la consulta repetitiva

Las nuevas tareas que compiten por nuestra atención en el ordenador pueden asimismo minar nuestra confianza y frescura mental, sobre todo la consulta constante (¿compulsiva?) de medios sociales, correo electrónico o mensajería instantánea.

El experto en usabilidad en tecnologías de la información Jakob Nielsen coincide en que “la profusión de canales de comunicación daña sin duda la productividad, porque conduce a más interrupciones. Para los trabajadores del sector del conocimiento -los mejor pagados-, cada vez que su trabajo es interrumpido necesitan entre 5 y 15 minutos para recuperar su concentración por completo y retomar el hilo principal de su tarea”.

Basta con aplicar las mismas normas que, hasta ahora, servían para evitar que las constantes llamadas de teléfono o reuniones acabaran con nuestra concentración y productividad real. Casi todo puede esperar y ser consultado en orden, mientras que hay muchas tareas prescindibles en determinadas horas del día. Quizá siempre.

Instapaper y sus copias

Varias compañías, individuos y grupos de usuario trabajan en métodos para facilitar el filtrado de información por nosotros, distribuidos como servicios propietarios o de código abierto. Es el caso del estándar de sindicación de contenidos RSS, las carpetas “inteligentes” de correo electrónico que destacan el correo que menos puede esperar; y otras pequeñas herramientas que pueden ser adaptadas para aligerar la sobrecarga de información y tareas.

Por ejemplo, el desarrollador estadounidense Marco Arment, consciente de su falta de tiempo y de la facilidad con que encontraba información y largos artículos en Internet que quería consultar, pero no al instante por falta de tiempo, creo una herramienta que solucionara un problema: nunca recordaba dónde había guardado el enlace a aquellos artículos que no había podido consultar hacía unos días o semanas.

Su solución: creó una herramienta a la medida de su problema, sencilla y minimalista, Instapaper. Un directorio donde se almacena todo el contenido que el usuario quiere consultar más tarde. La compañía Readability pretende resolver un problema similar, cómo leer los textos que encontramos mientras consultamos Internet en cualquier momento y soporte (ordenador, teléfono, libro electrónico).

Y Apple ha tomado Instapaper y ha transformado la idea en Reading List, un servicio que hace lo propio en sus dispositivos, (he aquí la reacción de Marco Arment ante el anuncio de la marca).

Cómo usar RSS y Twitter sin estresarse

Abundan los métodos y consejos para sacar el máximo partido a herramientas como las suscripciones RSS o Twitter.

En lugar de emular al monje dominico Vincent de Beauvais y tratar de resumir todo el conocimiento humano en una sola obra de nuestro puño y letra, es más realista entender que el flujo de información es mayor que nunca antes, pero hay herramientas para consultarlo con una flexibilidad y potencial creativos que se convierten en ventajas con poco esfuerzo.

El cerebro descansado produce más y mejor

Reconocer nuestros límites mentales y fisiológicos, así como mantener nuestro bienestar mental ejercitando nuestro cerebro, como sugieren David Rock y Daniel Siegel, contribuyen a evitar la frustración tanto como huir del fenómeno de la interrupción constante.

Nada como desconectar y descansar, así como evitar reuniones y tareas superfluas, para aumentar el bienestar mental y la productividad, dicen los fundadores de la empresa de aplicaciones web con sede en Chicago 37Signals, Jason Fried y David Heinemeier Hansson.