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Casas-cueva: renace el bioclimatismo económico y ancestral

Eran vistas como vestigios pre-industriales (a veces con cierto halo hobbit) de zonas subdesarrolladas. Ahora, arquitectos y aficionados reivindican las virtudes de las casas-cueva y viviendas subterráneas, capaces de autorregularse térmicamente.

Pese a su uso por sociedades de todo el mundo desde hace milenios, no abundan los estudios serios ni aproximaciones antropológicas y arquitectónicas sobre las viviendas excavadas en el suelo, pero el interés por la termorregulación y la biomimesis (diseños que imitan la vida), podrían impulsar una nueva edad dorada de la arquitectura subterránea.

Abandonando estigmas y estereotipos

Las casas-cueva, dice una nueva generación de entusiastas, son mucho más que escenarios míseros pasados en el Mediterráneo o el norte europeo, o el entorno pintoresco para situar la morada de personajes como Bilbo Bolsón (Bilbo Baggins en inglés, que vive en la Colina de Hobbiton) y los Teletubbies (cuya morada es, por otro lado, la inspiración de la casa subterránea de Gary Neville, jugador del Manchester United.

La mayoría de casas-cueva tienen un denominador común. Suelen ser excavadas en la falda de colinas o depresiones arcillosas; o bien han sido planificadas a la intemperie sirviéndose de un armazón (históricamente de madera; en las últimas décadas, también se ha usado el metal), posteriormente recubierto con arcilla o tejados verdes. Por ejemplo, en Escandinavia y las islas británicas se ha usado tradicionalmente turba, el pasto natural de las latitudes septentrionales europeas.

Más allá de estigmas y estereotipos, las casas-cueva y otras construcciones subterráneas incluyen varias ventajas:

  • Método de construcción de bajo impacto e integración paisajística.
  • Mayor eficiencia energética que cualquier otra técnica de construcción, con temperaturas estables durante todo el año pese a las fluctuaciones.
  • Necesidad de menor mantenimiento exterior.
  • El recubrimiento de tierra las aísla del ruido ambiental.
  • Son construidas al resguardo de los elementos.

Sus inconvenientes objetivos, más allá de nuestra predilección o rechazo estético hacia este tipo de vivienda, son escasos. Entre ellos:

  • Los grandes proyectos contemporáneos pueden ser más costosos que los tradicionales, al no existir un mercado de aplicaciones, técnicas y operarios especializados en este tipo de construcción.
  • Su valor en el mercado puede ser inferior al real, al depender de la percepción de los compradores potenciales (demanda) y, por tanto, de los gustos predominantes.
  • Obtener los permisos de construcción y habitabilidad en cualquier país es más complicado que lograrlo con una vivienda convencional.

Nuevo halo contemporáneo de las “casas troglodita”

Conocidas con sobrenombres a menudo despectivos o que denotan el atraso de sus moradores, como “casas troglodita”, o simplemente “cuevas”, el ser humano ha usado distintos tipos de vivienda subterránea desde su expansión hacia climas más extremos.

En Europa, su asociación con el atraso y el primitivismo provocaron el abandono de la mayoría de estas viviendas, usadas en las últimas décadas como almacén de aperos de labranza, corral de animales, bodegas, granjas para cultivar champiñones y, cada vez más, como originales y apetecibles casas rurales para el alquiler turístico.

En los últimos años, el aumento de la concienciación medioambiental y el cambio climático han revivido el interés por este tipo de construcción. Es una alternativa barata, bioclimática, local y respetuosa con el paisajismo en áreas con temperaturas extremas, escasez de lluvias y materiales sedimentarios que posibiliten la excavación.

De Altamira y Lascaux a viviendas-cueva exacavadas o sepultadas

El uso extensivo de las cuevas ha permitido, por ejemplo, que pervivan algunas obras maestras del arte rupestre, como los murales de los cromañones europeos en la cornisa cantábrica y el sur de Francia, a salvo de la erosión.

Los primeros vestigios de vivienda subterránea son anteriores al neolítico; los abrigos naturales, en ocasiones escenario de las primeras obras maestras de la pintura universal, apenas modificados por sus moradores, protegían esporádicamente a grupos de cazadores y recolectores.

Las técnicas del Mediterráneo y el Creciente Fértil

Las casas-cueva y otras modalidades de arquitectura subterránea, planificadas y erigidas hasta la actualidad en varias zonas rurales deo mundo, no son “primitivas”, al menos en el sentido peyorativo. En todo caso, se reconcilian con varias de las últimas tendencias en construcción sostenible; a menudo, son un prodigio bioclimático y un respetuoso homenaje al paisajismo, además de baratas, en comparación con otros tipos de construcción.

Las viviendas subterráneas son erigidas (a menudo “vaciadas” cuando la técnica consiste en excavar, a diferencia de cubrir un armazón) con conocimiento y materiales locales, en función del tipo de emplazamiento, suelo y condiciones climáticas.

Por ejemplo, en zonas interiores y montañosas del Creciente Fértil, Anatolia y a ambas orillas del Mediterráneo (en varios lugares de la Península Ibérica, Francia, Italia, los Balcanes, Grecia; pero también en comunidades bereber de Marruecos, Túnez y Argelia), las casas cueva evolucionaron para resguardarse del calor y frío extremos, por lo que fueron a menudo excavadas para moderar así las fluctuaciones térmicas del entorno. 

Edificaciones enterradas o semi-enterradas en el mundo

Además de las sociedades ancestrales de Euroasia y África, varios pueblos de Oceanía, Norteamérica y América del Sur han usado los abrigos naturales (cuevas), los edificios excavados o recubiertos de tierra tras erigir un armazón con fines similares: protegerse de condiciones climáticas extremas y pasar desapercibidos en el paisaje, a menudo como estrategia defensiva.

En Norteamérica, por ejemplo, en el grupo de los edificios excavados existen ejemplos tan espectaculares como el Palacio Acantilado, un poblado ancestral anasazi –indios pueblo-, erigido bajo la cornisa rocosa de un acantilado en el actual Parque Nacional de Mesa Verde, Colorado.

Habitacones ceremoniales kiva y casas-pozo

En cuanto a los abrigos conformados por armazones (a menudo de madera) revestidos de tierra, piedra y otros materiales y vegetación locales, los anasazi y sus descendientes contemporáneos, a menudo desprovistos del orgullo y la autoestima de sus propias tradiciones ancestrales por su carácter atrasado y precolombino, erigieron las kiva, habitaciones ceremoniales circulares excavadas en el suelo, cubiertas con un armazón de madera revestido con madera y barro.

Además de la cultura ancestral anasazi, otros pueblos amerindios del suroeste de Estados Unidos, las antiguas culturas fremont y mogollón han erigido edificios enterrados o semi-enterrados similares a las kiva, conocidas como casas-pozo. También lo hicieron los pueblos cheroqui, Inuit y antiguos pueblos del actual Estado de Wyoming.

Más allá de Norteamérica, las casas-pozo han sido usadas por los jiskairumoko, antiguos moradores de las inmediaciones del lago andino Titicaca; y los edificios semi-enterrados en Japón durante el período Jōmon.

Grubenhäuser: casas-pozo del norte europeo

Como los pueblos ancestrales del suroeste de Estados Unidos, los inuit, los antiguos habitantes andinos o la sociedad japonesa previa al inicio de nuestra era, los pueblos del norte europeo han usado las casas-pozo desde tiempos inmemoriales, designadas con la palabra germánica Grubenhaus (pl. Grubenhäuser; del alemán “Grube” -cavidad o pozo- y “Haus” -casa-).

Construidas entre los siglos V y XII dC en las islas británicas, el centro y norte europeo y Escandinavia, las Grubenhäuser (también “grubhuts” o “grubhouses” en el Reino Unido) eran construidas en un orificio semi-rectangular con una techumbre recubierta de vegetación sobre dos postes de madera, enterrados a cada extremo del hoyo excavado.

Pese a que ni las casas-pozo ni las Grubenhäuser son consideradas casas-cueva, al tener parte de su estructura sobre la superficie del suelo, conservan varias de sus propiedades y finalidades. Se cree, por ejemplo, que la mayoría de estas edificaciones carecían de ventanas, para evitar la pérdida de masa térmica.

Bajo tierra, aire acondicionado incluido

A dos metros bajo el nivel del suelo, la temperatura apenas varía durante todo el año, independientemente de las condiciones a la intemperie. En climas templados y fríos, esta temperatura puede ser demasiado fresca.

Para evitar este efecto, los constructores de casas-cueva en el norte de España (la Tierra de Campos y zonas de la Cordillera Cantábrica y el Sistema Ibérico), o en Francia, usaron la estabilidad de la temperatura del suelo para moderar las fluctuaciones térmicas de la casa: se necesita menos energía para calentar o enfriar una casa subterránea.

Entre las tácticas para lograr la poca energía necesaria para enfriar en la estación cálida y calentar en los largos inviernos, los constructores de casas-cueva usaron tácticas como excavar en colinas orientadas hacia el sur; o elevar una berma o túmulo en la parte norte de la casa y recubrirlo sólo con tierra.

Los conocedores de esta técnica de construcción sabían que la parte subterránea de la casa necesita estar bien aislada, o de lo contrario el subsuelo de su entorno absorberá continuamente calor de la casa; a no ser que buscaran específicamente este efecto como aire acondicionado natural.

De las kiva de los indios Pueblo a la casa de Bill Gates

Las casas subterráneas no se refieren únicamente a pintorescas construcciones sobre paredes o laderas en la Capadocia turca, Francia, las islas griegas o Andalucía o a los abrigos semi-enterrados y con techo de turba erigidos en el norte europeo, derivadas de las Grubenhäuser: varias viviendas contemporáneas, incluso algunas de las más lujosas, incluyen zonas parcial o totalmente subterráneas para aprovecharse de las ventajas climáticas y paisajísticas de la técnicas, incluyendo, por ejemplo, la casa de Bill Gates.

No sólo la arquitectura sostenible toma varios principios de construcción de las casas-cueva -aprovechamiento de la inercia térmica, aislamiento y termorregulación, respeto por el paisajismo-, sino también los proyectos más futuristas, en los que el dinero no es un impedimento, como la casa de Gates.

Cuando el tejado se integra en el entorno como suelo

En la mayoría de las casas-cueva, la tierra sobre la vivienda excavada o el armazón protege contra el frío, la lluvia, el viento y el calor. Pese a estas ventajas, el interés de la arquitectura contemporánea e ilustrada no llegó hasta mediados del siglo XX, con las viviendas subterráneas del suizo Peter Vetsch. Ya a finales de los 70, el británico Arthur Quarmby construyó Underhill, su primera casa subterránea, erigida en los páramos de Yorkshire del Oeste.

Quarmby erigió una segunda casa-cueva para Stuart Bexon en la aldea de Westonbirt, Gloucestershire, en 1983. El proyecto, celebrado en publicaciones arquitectónicas, no logró crear una tendencia en el Reino Unido y hoy en día, pese a algunas sonadas excepciones como la casa subterránea en Pembrokeshire, construida por el estudio Future Systems para el político laborista Marshall Andrews.

Apenas existen unas decenas de casas-cueva en todo el Reino Unido, en contraste con las 100,000 viviendas subterráneas o semi-sepultadas en Estados Unidos, o las miles de casas-cueva en el Mediterráneo, incluyendo zonas con mayor abundancia histórica, como la falda de Sierra Nevada en Andalucía (Guadix, en Granada, es el ejemplo más citado), o la mencionada Tierra de Campos, asentamiento original de los visigodos en la Península y territorio histórico que se extiende por cuatro provincias de Castilla y León. ¿Una reinterpretación de las Grubenhäuser en la Meseta Norte peninsular?

Futuro

Pese a haber recibido mayor atención de usuarios, medios, arquitectos especializados en viviendas sostenibles y bioclimatismo, así como especialistas en desarrollo urbanístico, las casas-cueva y viviendas subterráneas nuevas siguen siendo una rareza.

Se produce, sin embargo, una reparación de la memoria de las casas-cueva en lugares como España, donde han pasado de constituir un motivo de vergüenza o un borrón en la historia familiar, a motivo de orgullo y oportunidad para reconvertir una vieja herencia en una original -y demandada- casa rural en una fresca cueva.

A Miguel Delibes, conocedor de las casas-cueva castellanas, que inmortalizó con su su estilo sobrio en Las Ratas, le hubiera gustado asistir a su progresiva recuperación.