(hey, type here for great stuff)

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15 microhoteles que combinan exploración exterior e interior

El turismo de masas, amplificado por los vuelos baratos y el ascenso de las clases medias en los países emergentes, aumenta el valor relativo de las experiencias exclusivas y solitarias.

Un nuevo tipo de viajero, reticente a ser confundido por un turista más, explora paisajes y culturas alejado de lugares suntuosos y emplazamientos fotogénicos. En ocasiones, estos viajeros se convierten en nómadas durante largas temporadas, coincidiendo con el ascenso de Internet y el teletrabajo.

Ciertos tipos de “nómadas” postmodernos estarían viviendo ya experiencias que serán más corrientes en el futuro.

Nómadas a tiempo completo y nómadas ocasionales

La mayoría que no lleva la casa -y el ordenador, la cámara, videocámara, etc.- a cuestas, se conformará con experimentar un turismo introspectivo y de bajo impacto medioambiental cuando tengan oportunidad. 

El nuevo turismo distintivo se aleja de las experiencias concurridas, si eso es posible a medio plazo, en un momento en que cada vez más turistas ocasionales se agolpan en las costas de la Antártida, en los campos base del Everest o en los últimos bosques de eucaliptos gigantes de Tasmania.

(Vídeo por Kirsten Dirksen sobre el primer hotel de casas pequeñas de Estados Unidos, en Portland, Oregón)

Nómadas ocasionales y viajeros frugales priman la experiencia por encima del estatus de la experiencia turística.

Sobre viajes geográficos y espirituales

Si hacemos caso a los sabios desde la Antigüedad, la forma más compleja y costosa de viajar es hacerlo en el propio interior, explorándose a uno mismo y, con ello, conociendo mejor al ser humano. Viajar sin moverse de la silla puede ser más complejo -y más enriquecedor- que ascender el Mont Blanc.

Eso sí, desde la narrativa épica a las aventuras de viajeros medievales, renacentistas y de la era de la Ilustración, los viajes interiores más fructíferos se han asociado con las aventuras más fantásticas por los confines geográficos del mundo conocido.

En la era del turismo de masas, un nuevo tipo de viaje se abre paso entre las ofertas turísticas: las aventuras que implican respeto por el entorno y conocimiento de éste, respetuoso con los bienes naturales y culturales, así como con las poblaciones locales.

Un turismo que no se imponga las realidades locales

Los operadores de turismo ecológico lo definen como experiencias que conservan el lugar de visita y el bienestar de la población local.

El ecoturismo compartiría, según la sociedad que engloba a sus operadores, siete principios:

  • minimiza el impacto negativo de la actividad para el entorno y la comunidad;
  • respeta las particularidades ambientales y culturales;
  • reparte las experiencias positivas entre los visitantes y anfitriones;
  • financia la conservación;
  • enriquece a la población local y la integra en las decisiones de gestión turística;
  • mejora las condiciones políticas, ambientales y sociales del territorio;
  • apoya los derechos universales y laborales.

El futuro del turismo

Esta definición de ecoturismo olvida el impacto del número de visitantes: cuando se multiplica su número en un espacio frágil y limitado, ni siquiera la voluntad de respeto medioambiental y cultural de los visitantes garantiza la vertiente negativa del éxito, desde la sutil banalización al daño cuantificable.

El turismo ecológico se ha convertido en uno de los principales impulsores de la conservación natural mundial. En “El futuro de la vida”, el entomólogo, naturalista y ensayista Edward O. Wilson explica cómo los beneficios del turismo de calidad financian a comunidades en torno a parques naturales y las transforma desde epicentros del tráfico de animales en centros de protección.

En ocasiones, aunque una noticia leída en vertical nos incomode ética, estéticamente o ambas cosas a la vez, la caza controlada en parques naturales africanos financia la protección efectiva de enormes extensiones y previene contra la caza furtiva.

Cuando se trata de patrimonio cultural, sólo el control de las visitas previene contra la masificación y el deterioro de monumentos y emplazamientos, tanto en centros urbanos habitados como en las ruinas de antiguas civilizaciones, a menudo en lugares apartados (la cultura maya en Mesoamérica, o la remota cultura rapanui en la isla de Pascua).

Inicio y final del eurocentrismo

Viajar forma parte del relato que nos define como especie y diferencia épocas, regiones y civilizaciones. Los exploradores españoles buscaron El Dorado e incluso lo situaron en las siete ciudades de Cíbola, a partir de leyendas y relatos más allá de los desérticos confines septentrionales de Nueva España, en el actual Suroeste de Estados Unidos.

Para el escritor estadounidense del XIX Washington Irving, Andalucía era un lugar remoto, olvidado en el tiempo y prácticamente inexplorado por el mundo anglosajón; en El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad recordó a sus numerosos lectores cómo a principios del siglo XX, enormes extensiones del África interior permanecían tan misteriosas e inexploradas como las supuestas siete ciudades de oro lo eran para Pánfilo de Narváez o Álvar Núñez Cabeza de Vaca en el siglo XVI.

En la era de la navegación GPS y décadas después de que el ser humano dejara las agotadas hazañas exploratorias de la tierra -después de la conquista de los polos, la montaña más alta, etc.- pisando la luna en 1969, el turismo fija ya su meta más allá de la estratosfera, pese a los problemas técnicos que han evitado que Virgin Galactic ofrezca trayectos al espacio a cualquiera que pueda permitírselo económicamente.

Turismo de masas y tragedia de los comunes

En la tierra, el turismo de masas muestra síntomas de agotamiento justo cuando cientos de millones de personas de los países emergentes se integran en las clases medias; aspirantes, como lo habían sido con anterioridad en Europa, Norteamérica o Japón, a integrarse en el turismo globalizado gracias a vuelos baratos, paquetes recreacionales cada vez más flexibles y el fenómeno del alojamiento y los trayectos locales colaborativos a través de servicios entre usuarios como Airbnb o Uber.

Viajar es más asequible y está al alcance de más gente que nunca antes; cuando cientos de millones de personas pueden viajar, los sitios turísticos más visitados, sean monumentos, atracciones naturales, barrios, ciudades, regiones o países enteros, experimentan las vertientes menos agradables del éxito.

(Vídeo de Kirsten Dirksen sobre los Carré d’Étoiles, pequeños habitáculos con tejado retráctil para observar las estrellas en la villa medieval francesa de Puy-Notre-Dame)

En turismo, la cantidad no hace la calidad; del mismo modo, no siempre más personas contaminan más, pero el impacto sobre la vida de emplazamientos urbanos y naturales no es siempre positivo sobre la vida local: las zonas turísticas se transforman para siempre para adaptarse al influjo, ofreciendo una versión local de los productos y servicios que el turismo masivo espera encontrar en todo centro de interés que se precie.

De concierto esperado a punto de inflexión para conservar el patrimonio local

El turismo masivo no es un fenómeno reciente, aunque las estadísticas confirman su intensificación. Cuando la banda Pink Floyd decidió tocar en Venecia en 1989, los responsables consistoriales que aplaudieron el evento desconocían que las externalidades (consecuencias no deseadas) del concierto sobrepasarían en coste los beneficios sobre la economía local.

El turismo acelera su globalización con el desmoronamiento del telón de acero. En 1989 cae el muro de Berlín y se sientan las bases para la reunificación alemana (en realidad, la absorción de la RDA por la RFA) y países hasta entonces vetados entran en el circuito turístico de aventureros, compañías de transportes, cadenas hoteleras, turoperadores.

Con el fin de la Guerra Fría se recuperan los grandes viajes románticos, desde viejas rutas comerciales (la Ruta de la seda en Eurasia, la Ruta de la sal desde Europa an corazón de África, pasando por Tombuctú), y se desempolvan los libros de viajes, con relatos donde abunda lo fantástico, que preceden la Edad Moderna: Marco Polo, Ibn Battuta e infinidad de viajeros empequeñecidos por la historia, olvidados en viejos relatos, croniquillas o algún que otro marginalia: es el caso del viaje a Samarcanda del diplomático castellano Ruy González de Clavijo en 1404.

El relato europeo

El historiador británico Felipe Fernández-Armesto explica en su ensayo 1492 los motivos por los cuales el hasta entonces mediocre extremo occidental de Eurasia, con su abundancia de penínsulas y reinos decimados por enfermedades y hambrunas, se lanza a la exploración y conquista el mundo, mientras China y la India, las dos grandes potencias de la época miran hacia adentro de sus fronteras debido a la mentalidad de sus clases dirigentes (el confucianismo funcionarial y autárquico, en el caso de China), o a las luchas intestinas (la India).

La Edad Moderna significa también el inicio del eurocentrismo que explicaría por qué el concepto de universalidad que tenemos de la historia, la filosofía, el arte y también el turismo es, en realidad, su explicación eurocéntrica. 

El mismo 1492: The Year Our World Began de Fernández-Armesto es un intento contemporáneo de explicar el mundo desde una perspectiva multipolar justo en el año que se inicia la consolidación del eurocentrismo gracias a una combinación algo menos gloriosa y algo más azarosa que el relato épico de la conquista del mundo iniciado entonces por los distintos pueblos europeos, que Jared Diamond resume en Armas, gérmenes y acero.

Grandes expediciones de la Ilustración

A inicios de la Ilustración, cuando las potencias europeas se disputaban los últimos territorios del mundo, reconociendo únicamente el derecho de conquista de otros países europeos y nunca el derecho sobre su territorio de los pueblos que los habitaban, las principales potencias fletaron expediciones exploratorias y científicas, como las que llevarían a James Cook al Pacífico Sur, a Charles Darwin a postular su teoría de la evolución de las especies tras su visita a las Galápagos en el HMS Beagle, o a los navíos de la expedición española Malaspina a explorar los confines de América y Asia.

Retornando a 1989, justo cuando la opinión pública italiana debatía sobre el delicado equilibrio entre los beneficios del turismo y el mantenimiento del patrimonio después de que la basura generada en el concierto de Pink Floyd flotara por los canales de toda la ciudad, el turismo de masas derribaba sus últimas barreras políticas para globalizarse.

El turismo de masas había empezado antes, como conquista de las clases medias… hasta que el acceso a bienes compartidos limitados por un número excesivo de gente originó el fenómeno denominado tragedia de los comunes, descrito por Garrett Hardin en un artículo de 1968 para Science.

Sobre nuestra atracción por los exploradores

Las dos guerras mundiales y el poder destructor del armamento moderno, desde las armas químicas a las nucleares, inspiraron la toma de conciencia de las generaciones de posguerra. 

Las primeras imágenes de la tierra vista desde el espacio, una esfera añil llena de vida en un océano de monótona oscuridad inerte, sirvieron como símbolo del ecologismo y la contracultura.

El fanzine Whole Earth Catalog, confeccionado de manera semiartesanal en Menlo Park, a apenas unos minutos de la universidad de Stanford, abría con una portada en la que aparecía la imagen de la NASA con la tierra flotando en el universo. Un único epígrafe acompañaba el título de la publicación: “access to tools”. Acceso a herramientas. 

(Vídeo de Kirsten Dirksen sobre la visita de *faircompanies a la pequeña y remota localidad artística de Marfa, en Texas, emplazamiento del hotel de caravanas vintage El Cósmico)

Utensilios, creían los instigadores de la publicación, que permitirían a cualquiera construir e innovar en campos como la arquitectura experimental, la agricultura orgánica, los conocimientos ancestrales de distintas culturas del mundo o las últimas noticias en campos experimentales como la computación en los sesenta, una década antes del surgimiento de la informática doméstica.

Inicios del ecologismo moderno: la “nave espacial tierra”

Whole Earth difundió las ideas y edificios del arquitecto y futurólogo Buckminster Fuller, creador de la cúpula geodésica, a partir de los artículos, fotografías y trabajo de campo de colaboradores como el californiano Lloyd Kahn, editor de Shelter Publications. 

Entre estos conceptos, destacaba el de “nave espacial tierra“, una visión del mundo que destaca lo extraordinario y frágil de la tierra, cuyos ecosistemas, conjugados, se comportan como un único sistema “emergente” (donde el todo es más que la suma de las partes), que James Lovelock integró en la hipótesis de Gaia.

Coincidiendo con el surgimiento del ecologismo moderno, activista pero todavía minoritario, el turismo de masas fructificó en Europa Occidental y Norteamérica. Después de la II Guerra Mundial, la bonanza económica se apoyó en la reconstrucción de una Europa devastada, así como en el acceso de las clases medias al vehículo privado, los primeros vuelos asequibles y los paquetes vacacionales.

El basurero del Everest

Desde entonces, ni el vehículo privado, ni la industria aeronáutica, ni el turismo masivo han cambiado de manera radical; sí lo ha hecho el ecologismo, introducido en el centro del debate político y económico desde finales del siglo pasado, a raíz de los efectos del Antropoceno, o era humana, sobre el planeta y su supuesta irreversibilidad.

El llamado turismo ecológico surge como respuesta al turismo masivo y poco diferenciado. No hay una definición unívoca de turismo minimalista o turismo ecológico, pese a los esfuerzos de medios y compañías para encasillar en un nicho de mercado distintivo un tipo de viaje sensible al impacto del viajero y destinado a apreciar el medio, sea natural o urbano.

El turismo minimalista y/o sostenible es una respuesta a la masificación turística y sus consecuencias menos deseables. Pretende, por ejemplo, que los lugares de interés natural o arquitectónico no acaben sepultados de residuos abandonados por muchos de los visitantes que olvidaron recoger sus desechos.

Ascender al Everest es ahora tan relativamente popular y asequible que la hasta hace poco romática e inalcanzable aventura se realiza en fila india cuando acompaña el tiempo. La consecuencia más visible de la popularización de la travesía hasta el techo del mundo es el reguero de basura y deposiciones que acompañan al escalador. Nepal ha anunciado medidas para que los alpinistas retornen con su basura al campo base.

Felicidad Nacional Bruta

El paulatino deshielo del polo norte, con la consecuente apertura de rutas comerciales y turísticas, así como el aumento de visitas a la Antártida, alertan sobre el peligro del turismo masivo incluso en lugares remotos.

El turismo ecológico a menudo regula el acceso de los visitantes a zonas de interés natural o monumental; entornos especialmente frágiles por su aislamiento, endemismo e interés científico, como las Galápagos o la isla de Pascua.

Varios países han apostado por mantener su riqueza natural y atraer un turismo conocedor y concienciado en busca de experiencias ajenas a la homogeneización de los epicentros turísticos; en las Américas, Costa Rica a atraído inversiones de turismo ecológico y visitantes estadounidenses, mientras Bhutan, el pequeño país budista del Himalaya, ha aprovechado su aislamiento geográfico e histórico para financiar su economía con una política turística que limita el número de visitantes y encarece la experiencia.

Bhutan se dio a conocer al mundo cuando la prensa se hizo eco de la propuesta del pequeño reino budista: sustituir una medida obsoleta para cuantificar la riqueza absoluta de los países (el Producto Interior Bruto) por el concepto de Felicidad Nacional Bruta, una llamada para que los indicadores de bienestar no se centren sólo en la prosperidad material, sino en intangibles como el bienestar psicológico y capacidad de autorrealización de los habitantes de un territorio.

En Europa, Noruega explora también el turismo ecológico y poco masificado para diversificar una economía demasiado dependiente de la explotación de recursos naturales.

La montaña mágica

El turismo alternativo combina la contemplación y actividades al aire libre en entornos naturales con el bienestar, cultivando actividades como la meditación, el deporte, el descanso o incluso la formación (desde los campus de verano a ciclos de conferencias).

Un siglo después de que los protagonistas de La montaña mágica investigaran el universo paralelo de los sanatorios de alta montaña, el turismo de clase media prioriza la experiencia natural y cultural (gastronómica, arquitectónica, deportiva, filosófica) sobre el descanso a bajo precio en destinos de sol y playa.

En La montaña mágica, la visita ocasional del joven y burgués protagonista Hans Castorp a su primo ingresado Joachim Ziemssen, se convierte en una estancia permanente con final fatalista para el propio Castorp. De fondo una reflexión filosófica sobre la existencia y el carácter flexible de la percepción humana de la experiencia y el tiempo.

Introspección en paisajes urbanos y naturales

El turismo alternativo, en tanto que introspectivo, pretende transformar y enriquecer tanto a los visitantes como los emplazamientos que visitan, intercambiando conocimientos y experiencias (filosofías de vida, artesanía, mentoría, etc.).

Acabada la era del turismo romántico, se consolidan los pequeños resort de descanso, contemplación y crecimiento introspectivo:

  • desde lugares asomados al Pacífico en la costa californiana de Big Sur, donde se puede contemplar la puesta de sol o el amanecer desde una construcción arbólea similar a un nido humano (“ramatectura” o “twigitecture“); – a cabañas minimalistas en bosques de Japón (como el hotel minimalista con tiendas individuales en la montaña de Chichibu);
  • o habitaciones-burbuja (esferas con estrustura transparente) a las afueras de Marsella, en la costa mediterránea.

Retiro productivo en hoteles minimalistas

Quienes se acercan a los nidos de introspección de Big Sur, o al hotel minimalista del entorno natural de la montaña de Chichibu en Japón, o al hotel de cápsulas transparentes con vistas al Mediterráneo de la costa marsellesa, pretenden explorar el paralelismo -sostenido por filósofos panteístas- entre la exploración interior y el conocimiento del universo.

Los retiros minimalistas conjugan el diseño espartano y frugal con recursos propios de los sistemas estéticos ancestrales (feng-shui, wabi-sabi, vastu shastra) y la arquitectura moderna para integrar el abrigo humano esencial con el entorno: abundan los ventanales y los elementos estructurales son celebrados, en lugar de escondidos.

También pueden encontrarse ecos de las filosofías de vida de la Antigüedad. Diógenes el cínico vivía en una tinaja… y el hotel Das Park en Otthensheim, Austria, ha reconvertido cilindros de cemento (como las usadas en sistemas modernos de alcantarillado) en habitaciones para minimalistas contemporáneos.

Explorando

En el retiro contemplativo, a menudo en cobijos minimalistas (tanto tiendas y cobertizos armados por uno mismo como alojamientos frugales), muchos oyen el eco inquisitivo y panteísta de la poesía de Walt Whitman, o las reflexiones de los ensayos de Emerson o Thoreau.

Ralph Waldo Emerson: “Grabad esto en vuestro corazón; cada día comienza en nosotros un año nuevo, una nueva vida”. 

El propio Emerson, en Literary Ethics (1838): “Explora, explora, y explora. No te sientas molesto ni halagado desde tu posición de indagación perpetua. Ni te dogmatices a ti mismo, ni aceptes el dogmatismo de otros”.

Todos podemos convertir un emplazamiento en nuestro Walden particular, aunque sea por un rato, o por un día. Y escuchar los ecos del tambor y el tamborero del pequeño lago junto a Concord, sonando a un ritmo diferente al de sus conciudadanos: el amigo de Emerson, Henry David Thoreau.

15 micro-hoteles para conocerse a uno mismo (y explorar, de paso, el exterior)

A continuación recopilamos 15 alojamientos minimalistas y con escaso impacto medioambiental, cuya oferta combina la exploración interior (introspección, meditación) con la del entorno, tal y como filósofos grecolatinos (desde los presocráticos a los peripatéticos, cínicos y estoicos) u orientales (por ejemplo, taoístas y sintoístas), realizarían.

1. Hotel Das Park con habitaciones minimalistas en tuberías de drenaje (Ottensheim, Austria)

2. Camping de pequeñas caravanas vintage en el interior del hotel Hüttenpalast (Berlín, Alemania)

3. Hotel de microcápsulas 9Hours por Fumie Shibata de Design Studio S (Kyoto, Japón)

4. Hotel de casas pequeñas Caravan (Portland, Oregón, Estados Unidos)

5. Hotel El Cósmico con caravanas vintage y tippis (localidad artística de Marfa, Texas, Estados Unidos)

6. Cabañas minimalistas de estilo moderno Rolling Huts por Olson Kundig Architects (Winthrop, Washington, Estados Unidos)

7. Tiendas geodésicas en retiro natural minimalista japonés de Setsumasa y Mami Kobayashi por Shin Ohori de General Design Co. (montañas de Chichibu, Japón)

8. Hotel con habitaciones-burbuja transparentes en el bosque mediterráneo Attrap’Rjves (Allauch, Marsella, Francia)

9. Hotel de cabañas modernas con amplios ventanales en plena naturaleza Juvet por Jensen & Skodvin (Gudbrandsjuvet, Noruega)

10. Hotel con estancias serpenteantes colgadas del bosque Pedras Salgadas Park por Luis y Tiago Rebelo de Andrade (Pedras Salnoruegadas, Vila Real, Portugal)

11. Resguardo silvestre Endémico con cabañas minimalistas de metal corrugado y vistas al valle de Guadalupe por Gracia Studio (Guadalupe, Baja California, México)

12. Cabinas de descanso para aeropuertos Sleepbox por Arch Group (aeropuerto de Sheremetyevo, Moscú, Rusia)

13. Hotel con microhabitaciones en tubos de cemento para drenaje TuboHotel por T3arc (Tepoztlán, Morelos, México)

14. Hotel de cápsulas flotantes de supervivencia recicladas Capsule Hotel (comunidad surfista de La Haya, Holanda)

15. Iglús minimalistas con cúpula acristalada Kakslauttanen (Saarriselka, ártico finlandés)