(hey, type here for great stuff)

access to tools for the beginning of infinity

Las necesarias herejías del ecologismo, según Stewart Brand

Independientemente
de la acogida de su último libro, Stewart Brand mantiene una profunda
influencia sobre el ecologismo y la informática moderna.

Es
fundador del Whole Earth Catalog, cofundador del sitio web The Well
(una “red social” creada antes de que Internet se popularizada) y de
The Long Now Foundation, que promueve el
pensamiento a largo plazo, “más lento y mejor”, en contraposición a la
filosofía predominante de prevalencia de lo “más rápido y barato” (el marco de actuación de la organización es de 10.000 años).

A pesar de que una creciente voz
procedente de personas y organizaciones relacionadas con el ecologismo
critican su “cambio de opinión”, Brand ha mantenido una coherencia
fundamental con sus ideas expuestas a partir de mediados de los 60,
antes incluso de que creara el Whole Earth Catalog. Ha mantenido
desde entonces que la humanidad puede hacer del mundo un lugar mejor,
si tenemos acceso a la información que necesitamos.

De hecho, la
única frase que podía leerse en la portada del primer número del Whole
Earth Catalog
, además de la propia cabecera, es fiel a esa idea:
“access to tools” (acceso a herramientas).

Evolución hacia el “ecopragmatismo”

Si,
para muchos, el ecologismo de Brand permanecía ligado a una visión
utópica del ser humano, que necesita volver a la naturaleza, Stewart
Brand recuerda en su último libro, Whole Earth Discipline: An
Ecopragmatist Manifesto
(disciplina para la
Tierra: un manifiesto ecopragmátrico), que el único modo de paliar los
peores efectos del cambio climático es el uso adecuado de avances y
tecnologías que palien la necesidad de recursos que emitan grandes
cantidades de CO2.

A los 70 años, el estadounidense, que vive
con su mujer en una barcaza amarrada al pequeño puerto del pintoresco
pueblo de Sausalito, situado al pie del Golden Gate, realiza una
llamada en su último libro a los ecologistas para que se informen en
profundidad sobre los principales problemas a los que se enfrenta el
mundo, así como las posibles soluciones. A poder ser, sin dogmas.

Lo de “ecopragmatismo”
da otra pista: las soluciones aportadas para luchar contra los peores
efectos del calentamiento global deben ser realizables, en un toque de
atención hacia quienes defienden un mero retorno a la naturaleza.

Al
fin y al cabo, el ser humano ha influido dramáticamente sobre
su entorno desde las sociedades agrarias del neolítico. De ahí que el
autor insista en que debenos manejar la naturaleza o dar la actual
civilización por perdida.

Disciplina para la Tierra

Stewart
Brand explica en su último libro que la Tierra y la sociedad humana
actual asisten a tres grandes transformaciones: el cambio
climático, la urbanización (2008 fue el primer año en que más del 50%
de la población mundial vive en ciudades
, y la tendencia se
afianzará en las próximas décadas) y la biotecnología.

Brand ve
la urbanización del mundo y la biotecnología como tendencias positivas
que pueden ayudar a la humanidad a evitar consecuencias cataclísmicas
derivadas de la primera transformación descrita, el cambio climático.

No
obstante, es en las soluciones planteadas en el libro, que constituye
una llamada la acción sin paliativos, donde el autor norteamericano se
ha topado con innumerables críticas: para que la urbanización del
planeta disminuya su impacto ecológico, que es inferior a mantener a
una población dispersa, Brand aboga por el uso de energía que no genere
CO2, aunque su apuesta se centra en la polémica -y costosa- energía
nuclear.

Brand dedica también abundante espacio a la
geoingeniería, sin olvidarse su apoyo al empleo de plantas
genéticamente modificadas. En su favor, decir que el ser humano ha
modificado plantas genéticamente, a partir de su cruce, desde los
inicios del neolítico.

Dediqué la anterior entrada de este
blog a explicar el trabajo de Wes Jackson,
un geneticista que ha dedicado toda su carrera a la creación de mejores
plantas para que la producción masiva de cereales y otras cosechas sea
sostenible. Y, según Jackson, ello sólo puede conseguirse mejorando las
propias plantas que usamos en la actualidad, que han evolucionado a
partir del uso indiscriminado de agua y abono.

Wes Jackson cree
en la sostenibilidad, y no por ello renuncia a mejorar las semillas que
usamos en la actualidad en cosechas fundamentales, tanto por el tamaño
de su consumo como por el impacto negativo que su producción tiene
sobre el medio ambiente.

Whole Earth Discipline dedica un
capítulo entero a la restauración de la infraestructura natural que
debería crear las condiciones para que la humanidad pueda vivir de un
modo sostenible, a partir de soluciones relacionadas con la
geoingeniería, concepto al que he dedicado espacio en el blog:
una entrada sobre propuestas potencialmente disruptoras,
y otra sobre el impacto que acciones del ser humano, si son emprendidas
drásticamente
,
pueden tener sobre el mundo, que las convierten en soluciones de
geoingeniería.

Para Brand, la restauración de lo que llama
infraestructura natural sólo puede llevarse a cabo con acciones
promovidas por el ser humano, que tiene la obligación de “aprender
artesanía terráquea” para lograr que la “vida” y la “Tierra” actúen con
el equilibrio de un gusano de tierra.

De las soluciones individuales (demasiado tarde) a las colectivas (no hay tiempo que perder)

Stewart
Brand ha explicado en sucesivas entrevistas que, si en Whole Earth
Catalog
se trataba de dar herramientas al individuo para que mejorara
su entorno inmediato, en su último libro se centra en los efectos
agregados de los seres humanos en cuestiones como el clima.

“Algunos
de estos problemas son de tal envergadura que necesitamos que los
gobiernos se ocupen de cosas como hacer que el dióxido de carbono sea
caro. O hacer que el carbón sea caro de quemar, cuando emite todo ese CO2
a la atmósfera. Y los individuos no pueden hacer eso, las comunidades
individuales tampoco. Hacen falta gobiernos nacionales“.

Asimismo,
Brand sabía a qué se atenía
cuando decidió escribir Whole Earth Discipline. Pese a ello, ha
preferido enriquecer la conversación con su punto de vista, y ha tenido
la valentía de defender sus opciones más polémicas, a sabiendas de que
la comunidad ecologista que el contribuyó a crear se alinearía
claramente en su contra:

“He acumulado una serie de puntos de
vista contrarios en algunas importantes cuestiones medioambientales
-específicamente, en ciudades, energía nuclear, ingeniería genética y
geoingeniería- y todo ello sumaba una historia que merecía la pena
contar”.

Críticas a Whole Earth Discipline: pocos entienden la apuesta por la energía nuclear

Dejemos
de lado las críticas más lacerantes que Whole Earth Discipline ha tenido desde su reciente publicación. La mayoría de ellas carece de una argumentación mínimamente elaborada.

Brand
ha recibido las críticas de mayor peso procedentes de científicos y
pensadores que él mismo conoce, y todas ellas se centran en su apuesta
por la energía nuclear como método de generación energética que
ayudaría a disminuir rápidamente una producción eléctrica todavía
dependiente de la emisión de CO2 (electricidad a partir de la
combustión de gas natural y, sobre todo, carbón).

El físico
Amory Lovins, cuya vida
profesional está ligada a varias instituciones, incluido
el Rocky Mountain Institute, conoce personalmente a Brand y ha
criticado públicamente su apoyo al uso controlado de energía nuclear.

Amory
Lovins refuta las tesis de Brand
en un extenso
artículo publicado en Grist.

Lovins,
sobre Whole Earth Discipline: “mucha gente me ha pedido que evalúe el
capítulo de 41 páginas sobre energía nuclear, de modo que lo haré,
porque creo que sus conclusiones están muy equivocadas”.

El
artículo de Amory Lovins, que está documentado, no centra sus críticas
en los riesgos medioambientales de la energía nuclear (disminuidos en
los últimos avances, aunque persistentes), sino en su coste.

Según
Lovins, es tan costoso desplegar una estrategia coherente relacionada
con la energía nuclear que tiene más sentido emplear ese esfuerzo
económico en secuestrar el CO2 emitido por la combustión de carbón,
además de en el desarrollo de energías renovables.

Lovins cree en la energía solar fotovoltaica, más cara y técnicamente
inviable que la energía termosolar, o la energía eólica. No entiendo su
razonamiento en este punto.

También insiste en que Brand
parece desechar en su libro la opción de renovables como la energía
solar, por su carácter intermitente.

Contestación de Brand

En
su último libro, Brand simplemente constata la naturaleza de las
energías renovables más usadas y viables en la actualidad; no se
posiciona en contra de éstas, sino a favor de aumentar tanto un
esfuerzo en renovables como en la instalación de plantas de energía
nuclear, sobre todo una nueva generación de micro-reactores nucleares, capaces de generar
suficiente energía para suplir las necesidades energéticas de una
comunidad.

Para profundizar un poco más sobre su justificación
del uso de energía nuclear, Brand decidió contestar el artículo de
Lovins en un largo comentario, disponible aquí.

En el comentario, explica que
ha leído toda la documentación técnica que Lovins le ha enviado en los
últimos años y que él sigue pensando que “el problema no es que la
energía nuclear sea muy cara, sino que la producción eléctrica con
carbón es muy barata”.

Brand hace referencia al hecho de que,
todavía, las grandes empresas energéticas establecen un coste para esta
materia prima en función de lo que vale generar energía con su uso, sin
tener en cuenta lo que costaría evitar las emisiones de CO2 que genera.

La
industria energética actual, en efecto, no paga por compensar las
emisiones de CO2 que provoca la combustión del carbón empleado en las
plantas de generación eléctrica.

En el mismo comentario, Brand
lamenta que Lovins pase por alto su explicación sobre el potencial de
los micro-generadores de energía nuclear que se desarrollan en estos
momentos, capaces de generar entre 25 y 125 megawatios de potencia.

También
refuta otra predicción de Lovins cuando dice que Alemania no cerrará
los reactores nucleares que se encuentran todavía en funcionamiento.
“Él parece creer que los 17 reactores nucleares de Alemania serán
cerrados. Yo vaticino que permanecerán en funcionamiento”.

El hombre que accedía a información y la compartía

Fred
Turner explica en su ensayo From counterculture to cyberculture el increíble mapa físico de la Bahía de San
Francisco en los 60 y 70:

“Entre 1968 y 1972, dos comunidades
empezaron a mezclarse en el radio de unos cuantas manzanas de las
oficinas del Whole Earth Catalog en Menlo Park. Una, centrada en torno
al Instituto de Investigación de Stanford y compuesta sobre todo por
ingenieros, se dedicó a la permanente búsqueda de una mayor integración
entre el hombre y la máquina. La otra, agrupada en torno al Catálogo y
las comunidades contraculturales a las que servía, se centró en la
búsqueda de una transformación individual y colectiva en una corriente
de Nuevo Comunalismo. Stewart Brand se posicionó entre estos mundos y,
de múltiples maneras, medió en el encuentro”.

Brand fue
descrito al inicio de Electric Kool-Aid Acid Test (Gaseosa
de ácido eléctrico
o Ponche de ácido lisérgico en castellano, en
función de la edición-traducción), un libro simbólico para la
contracultura de los 60 y el Nuevo Periodismo.

Su nombre no
aparece allí por casualidad. Como miembro de la contracultura que ayudó
a crear, participó los primeros ensayos con LSD y asistió a Douglas
Engelbart
, uno de los
padres de la informática moderna, en innovaciones que serían el caldo
de cultivo para que jóvenes ingenieros del laboratorio Xerox PARC (situado muy cerca de donde
Kirsten Dirksen, de *faircompanies, pasaría la mayor parte de su
infancia) inspiraran a Steve Jobs, de Apple, a crear los primeros
ordenadores personales con la interfaz gráfica que todavía usamos.

Eran
momentos en que se construían muchos de los pilares culturales y
técnicos sobre los que se sustentan invenciones como Internet. A falta
de un método para interaccionar fácilmente con datos, y basándose en
ideas previas como Memex, Engelbart
y quienes le siguieron idearon un sistema gráfico basado en metáforas
existentes en la vida real: un escritorio con carpetas, aflicaciones
ficheros, espacio físico, etc, con el que se podía interactuar no sólo
con teclas, sino con un dispositivo que se desplazara por los distintos
puntos de la pantalla (ratón).

Ecologismo y contracultura

Stewart
Brand también quiso ofrecer un acceso sencillo a información y
“herramientas” que todo el mundo pudiera usar, para crear un mundo
mejor. Se trataba del mencionado Whole Earth Catalog, la madre de todos los
fanzines, una especie de cajón de sastre con reseñas de libros, mapas,
herramientas de jardinería, ropa especializada, herramientas de
carpintería, diseños de arquitectura sostenible, energías renovables,
equipamiento de todo tipo, sintetizadores y trabajos de circuitería,
entre otros contenidos.

El Whole Earth Catalog era una revista a
papel, cuyo primer número, de 1968, incluyó la imagen de la Tierra
publicada por la NASA, aunque su vocación de compartir conocimientos
técnicos y prácticas ecológicas fue visto como precursor de Google la
ventana contemporánea de acceso a todo tipo de saber, también el
minoritario y el que propugna la participación artesanal del lector.

Es
al menos lo que piensa Steve Jobs, que ha reconocido públicamente la
importancia del Whole Earth Catalog para su generación, y lo ha
calificado como el buscador on-line de los 60.

Ponche de ácido
lisérgico
, el mencionado reportaje novelado de Tom Wolfe convirtió la
concatenación-de-palabras-para-acelerar-la-narración que habían usado
los escritores de la Generación Beat en un recurso narrativo de una
época convulsa, en la que se sucedían los acontecimientos.

Si
los beatniks escribían siguiendo
los mandatos rítmicos del caótico jazz (por ejemplo, Los subterráneos
The Subterraneans-, de
Jack Kerouac),
el “ponche de ácido lisérgico” de Wolfe comulgaba con la evolución
popera de esta banda sonora. Sonaba más a Alone again or de Love.

Al fin y al cabo, qué mejor manera
de explicar historias que involucrarse en ellas en primera persona y
explicarlas con el lenguaje vivo en que se han sucedido los
acontecimiento, decían quienes dieron forma al Nuevo Periodismo.

La
novela de Wolfe inmortalizó la relación entre Stewart Brand, Ken Kesey (enlace entre la Generación Beat
y los hippies) y el grupo de personas conocido como Merry Pranksters, en un momento en que la
experimentación y con drogas psicodélicas estaba relacionada no sólo
con la música, la literatura o la ebullición política y cultural, sino
también con el ecologismo y el surgimiento de la informática moderna.

El
caldo de cultivo existente en la Bahía de San Francisco durante los 60
es explicado por John Markoff en su ensayo What the dormouse said.

Markoff,
también corresponsal tecnológico del New York Times en Silicon Valley,
explica cómo la contracultura de los 60 no sólo fue tenida en cuenta
por las personas que influyeron decisivamente sobre la industria
informática, sino que fue decisiva para que naciera el ordenador
personal, sólo una quimera hasta ese momento.

En 1966, Brand
ayudó en la campaña de presión para que la NASA publicara la primera
imagen de satélite de la Tierra, pequeña y frágil, vista desde el
espacio. Brand intuía que la publicación de la imagen constituiría un
poderoso símbolo, como así fue.

La publicación de la imagen
difundió la idea de que la Tierra es una pequeña isla rodeada por una
gran cantidad de espacio inhabitable; tan rara, frágil y delimitada,
que debía ser protegida. “Y resulta tan gráfico, esta especie de icono
parecido a una pequeña joya azul, blanca y marrón entre un vacío de
negrura tan monótono”.

En contra de la descalificación dogmática

Es
la misma imagen que aparece en la portada del quinto y último libro de
Stewart Brand, Whole Earth Discipline. Brand sigue hablando de lo
mismo; sigue creyendo en que el acceso a la información y las
herramientas adecuadas son el modo de resolver los problemas.

Ofrezca
o no las mejores recetas, su libro enriquece la actual conversación,
más urgente que nunca. Al poner sobre la mesa los principales riesgos
del cambio climático y los retos que plantea, es necesario escuchar a
quienes comulgan con la corriente mayoritaria del ecologismo; pero
también a ecologistas convencidos que, sin embargo, se muestran
críticos con desechar la energía nuclear, la geoingeniería o la
modificación genética de plantas, como el propio Brand o el británico
sir James Lovelock.

Las ideas y opiniones de Stewart Brand y
James Lovelock tienen el peso del estudio coherente, madurado a fuego
lento, durante años, a partir de herramientas como la información de
primera mano, los ensayos empíricos y la seria prospectiva.

No
sería demasiado fructífero enterrar la urgencia de actuación ante el
cambio climático enarbolando banderas contrarias a la energía nuclear,
a la geoingeniería o a la modificación genética de plantas.

El
mejor modo de tomar las mejores soluciones ha consistido,
históricamente, en contemplar todas las posibilidades y elegir las
mejores soluciones. Basándose en datos y en “acceso a herramientas”. Ni
más ni menos que lo que dice Stewart Brand.

Notas al pie

Para acompañar la lectura de esta entrada, o su relectura:

  • Página dedicada a Stewart Brand en TED, con enlace directo a sus
    charlas en TED Talks.
  • Podcast con la entrevista de Tom Ashbrook, periodista de NPR, a Stewart
    Brand (la entrevista incluye llamadas de oyentes críticos con la visión
    de Brand sobre temas como el uso de la energía nuclear).
  • (Como
    recomendación libre, escuchar Forever Changes, disco de Love).